Hoy te pensé en un imaginario caliente. Abatida por la humedad en mis calzones, sentí la necesidad de resguardarme en el baño y masturbarme con tu lengua repasando mi clítoris fuertemente una y otra vez. Lo escribo recordando y vuelvo a mojarme.
Abnegada hasta las vísceras, me rehúso a saciarme con la sequedad de mis manos tersas, necesito tu toque viril, incauto.
Regreso al desagrado cotidiano de tu ausencia resintiendo el calor de tu cuerpo por las mañanas, por las tardes y sobre todo por las madrugadas, aquellas donde cogíamos como animales en celo, rabiosos y determinantes.
Mientras avanzan las horas con la parsimonia característica de las tortugas, me martiriza saber que cuando llegue a mi cama, esa que te ha visto despertar, mi único consuelo va a ser describirte mis deseos frustrados de unas semanas largas y perezosas que se niegan a avanzar rápidamente desbordando mi escozor.
Me detengo para cerrar los ojos. Te recuerdo. Me excito, se me calienta el culo, me arden las tetas en un bramido agobiado de desengaño al saberse en la soledad de un solo cuerpo.
Siento resbalar algo caliente que sale de mi vagina, es el llanto que merma el discurso de la nostalgia que permea mi ser.
Atribuyo a tu persona el capricho que sentimos por ahora yo y mi cuerpo de amarrarte y dominarte, de vencerte en un grito ahogado de placer y de dolor, de confusión y lucidez, de discreción e insensatez.
Vuelo a arrojar al vacío de mis tribulaciones una más que me causa el desagrado de la lejanía, la lejanía del tacto, el tacto imposible, lo imposible de tenerte y el tenerte de nuevo en lo lejano.
Interrumpo de nuevo el oficio de escribir. Bajo mi mano para descubrir un vapor abrasador que sale de entre mis piernas, me toco por encima de la ropa pensando en lo maravillada que estaría de que a este punto de mis letras tuvieras ya el miembro erecto, caliente y empapado igual que mi delirio.
Revuelvo mi cabello, me aflijo, me impaciento, la prisa de tu sudor cayendo sobre mi pecho exalta el ansia que palpita dentro mío.
Intempestivamente me despojo de las ropas, del desagrado, de la mesura, estimulo lo que puedo, lo que alcanzo, ya no sé que estoy tocando, sólo siento mis manos desvariando, jugueteando pegajosas. Termino la sesión encarando la pantalla, salpicándola de la adoración que acaba de emanar mi orgasmo, rememorando que sigo aquí, escribiendo en la distancia, añorando tus caricias.

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